Dos semanas confinado en tierras queretanas. Y digo confinado por que la jornada de trabajo inicia a las nueve de la mañana, tomamos una hora para comer, volvemos al trabajo, cenamos aquí mismo y volvemos a casa a las dos de la mañana. En casa somos trece los esclavos que dormimos en tres cuartos. El trabajo está entretenido, sí, pero si he de pasar otra semana así, moriré. Volvamos al DF.